
Hoy abordamos el siguiente artículo de Simón Royo Hernández,
Noticias desde el trabajo inmaterial IV. La labor del intelectual y los premios Nobel de Literatura: Sartre, Pasternak y Günter Grass (rebelion.org, 7/01/2007)
Apreciados Royo-Bloggers,
El presente artículo, La labor del intelectual y los premios Nobel de Literatura: Sartre, Pasternak y Günter Grass, está pergeñado del tal manera que se puedan incluir tendenciosamente —como suele ser habitual en él— esos mensajes propagandísticos de anarco-comunismo de parvulario tan suyos y de los que ya estamos verdaderamente hartos por su simplismo y bobería.
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Simón Royo desea trasmitirnos un mensaje muy-muy profundo: que a los intelectuales se les debe juzgar conjuntamente por su obra y su vida. El erudito tiene la obligación de ir más allá del flemático intelectualismo a fin de encarnarlo en el ejemplo de sus propios actos. Así pues, Simonete nos explica que “antes” —en la áurea era de la Satya Yuga pre-capitalista— los premios ensayísticos eran mucho más auténticos que los Premios Nobel de los siglos XX y XXI. Se menciona a Herder, Schopenhauer y Rousseau como máximos exponentes de intelectuales coherentes de su época.
Rousseau, otra vez Rousseau… ¡Vaya un ejemplo! Suponemos que los Royo-Bloggers tenéis muy presente la biografía del susodicho apóstol de la tolerancia y educación edénicas. Juan Jacobo se casó con una sirvienta y modista llamada Thérèse Levasseur, con la que tuvo cinco hijos. Su propia prole no fue tan bien tratada como el “Emilio” novelesco y fueron enviados al terrible hospicio de los Enfants-Trouvés. Gran gesto si tenemos en cuenta que en aquella época las inclusas tenían un índice de mortandad infantil superior al 80%. Ay, esos intelectuales que alientan el aborto a sus compañeras o se desentienden de sus hijos. Un magnífico espécimen, sí señor. ¿Verdad, Simón?
Una vez acabada esa noble etapa de la humanidad, el capitalismo atroz engendró, entre otros cataclismos, la institución de los Premios Nobel. Desde luego es innegable que la fortuna obtenida por la dinamita es cuestionable, pero extender sistemáticamente la mácula de la duda hasta los premiados nos parece algo exagerado. También coincidimos con Simón que muchos premios —especialmente los de literatura y el de la paz— están contaminados por inclinaciones políticas y, por lo tanto, se puede discutir su pertinencia o no, del mismo modo que nosotros podemos cuestionarnos el reparto de becas de postgrado ganadas por el enchufe del politiqueo más ruin. ¿Verdad, Simón?
Con esta retórica, Simonete nos indica que los únicos premiados con el Nobel que merecen respeto son Pasternak y Sartre, ya que:
Los motivos del rechazo de tan cuantioso y prestigioso premio por ambos son sujeto de conjeturas hermenéuticas sobre la conciencia del intelectual, luego añadiendo una más, al menos muy verosímil, a las interesadas especulaciones sobre la subjetividad de los grandes hombres al acometer dignas acciones; proponemos considerar que tal rechazo bien pudiera tener una íntima relación con los principios generales de un arte comunista.
En fin, aquí empieza la deriva de su artículo. Pero empecemos primero evaluando la figura de Sartre y luego nos ocuparemos del desventurado Pasternak.
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No nos parece que valga la pena tratar sobre la obra de Jean-Paul Sartre, suficientemente conocida por todos “ad nauseam”. Sin embargo, como Simonete nos habla de las coherencias entre la obra y la vida del intelectual, quizás sea interesante que repasemos la trayectoria íntima del famoso existencialista bizco. Para ello, os proponemos la lectura del sabroso libro de Hazel Rowley titulado Sartre y Beauvoir. Historia de una pareja, publicado por Lumen . Es entonces cuando nos percatamos de la hipocresía de esas figuras que son veneradas en proporción al grado de sus mezquindades privadas. Muchos progres dirán que practicaban el “amor libre” o que no estaban constreñidos por los “valores morales de la sociedad burguesa decadente”. Uno puede darse un lote arrabalero con quien quiera —en este blog siempre hemos defendido la felicidad y opción sexual de cada uno—, pero escudarse en la libertad no justifica el reiterado abuso psicológico de las personas ni hacerles daño con gratuidad amoral. La aristocrática feminista bisexual y el licencioso sapo destrozaron la vida de mucha gente que “creyó” en ellos, sobre todo las vidas de sus respectivas alumnas, a las que humillaban e intercambiaban en jueguecitos psicológicos abyectos aprovechándose de su nombradía académica y estatus político. Por no mencionar la cobardía de Sartre cuando Michelle Vian, ex mujer de Boris Vian, abortó de él y éste, mientras tanto, estaba tan ricamente de viaje dejándola sola en un trance tan difícil para cualquier mujer. Una verdadera muestra de ética e integridad. ¿Verdad, Simón?
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Finalmente nos toca hablar de Boris Pasternak. Cualquiera se sumaría a la impecable trayectoria personal y artística de este señor. Gran poeta, magistral traductor de Shakespeare y Rilke —labor que tuvo que emprender por perentoriedad económica debida a la presión del régimen que le prohibía publicar su propia obra con normalidad— y, cómo no, autor de la inolvidable novela Dr. Zhivago. Lo que ocurre en este caso es que Simón Royo miente como un desfachatado al aseverar que:
El mayor héroe de los rechazos hacia la compra-venta de las obras y del arte por el capitalismo del siglo XX fue sin duda Pasternak, a quienes los capitalistas difaman cuando aseguran que rechazó el premio por temor a ser deportado.
¿Nosotros difamamos a Pasternak? Joder, Simón, ¿cómo puedes soltar una mentira podrida de tal calibre y quedarte tan tranquilo? Tan sólo hace falta consultar la Wikipedia y comprobamos que Pasternak escribió no UNA sino DOS CARTAS a la academia sueca. En la primera expresaba humildemente su felicidad por el premio:
Immensely thankful, touched, proud, astonished, abashed.
(Inmensamente agradecido, emocionado, orgulloso, sorprendido, avergonzado)
No obstante, las presiones ejercidas por el régimen soviético le hicieron cambiar de idea. En su segunda carta a la academia dijo:
Considering the meaning this award has been given in the society to which I belong, I must reject this undeserved prize which has been presented to me. Please do not receive my voluntary rejection with displeasure.
Este dato puede corroborarse en decenas de enciclopedias, páginas webs, biografías y manuales. Pero Simonete dispone de una información única y privilegiada —proporcionada posiblemente por su catervita de Rebelión y amigotes anarco-comunistas de salón— con la que se atreve a negar, en otro ejercicio revisionista simonástrico, este hecho y demás adversidades sufridas bajo la tiranía de Josef Stalin.
Y hablando de premios Nobel, ¿cómo no acordarse en estos momentos de Orhan Pamuk que ha tenido que abandonar Turquía por las reiteradas amenazas vertidas contra él, su familia y amigos? Pero don Royo jamás dedicará una palabra de aliento a un personaje que lucha por la modernidad, la democracia y la igualdad…
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Simón Royo concluye su articulillo con un par de párrafos admonitorios anticapitalistas que os transcribimos a continuación (fijaos en los “basiliscos”):
De todos sabido que entre algunos premios a los intelectuales a veces se tercia el tongo mediante la intervención del tendero editorial, sobre todo cuando los fastos se celebran en tierras capitalistas. Así susurran siempre las malas lenguas en los ambientes intelectuales, esos en los que todo el mundo habla mal de todo el mundo y en los que, entre mentirosa baba de basilisco y rastrero insulto del bestiario, se dice de vez en cuando alguna verdad, como que, por ejemplo, entre los famosos premios Anagrama de Ensayo, siempre será mejor el finalista que el premiado.
Y …
Sólo una persona con peso y autoridad igual o semejante a quienes grandes y medianas cosas han escrito tiene legitimidad para poder emitir un juicio sobre las mismas y no por mor de un respeto de anacrónicas jerarquías sino por una evidencia actual. La maledicencia es un gran deporte en el mundo egotista y narcisista del capital y del espectáculo, televisión y parlamento dan el mal ejemplo, algo que emponzoña más a quien vomita que a quien recibe. Para toda la pútrida baba de basiliscos, mientras lo sean, ha de valer lo que Sócrates dijo en una ocasión: no hay que extrañarse de que los asnos rebuznen o de que suelten frecuentemente una coz. Tampoco hemos de extrañarnos si nosotros rebuznamos o coceamos, pero extraño e inaceptable es que nos rebuzne el sabio.
[…]
Resulta ante ellos ridícula una sociedad como la nuestra, la de la masa de borregos del capitalismo consumista, en la que cualquier “idiotes” -en el sentido etimológico de la palabra griega, que indica tan sólo a cualquier particular- se cree con derecho a juzgar a quienes no lo son. El motivo es que en el mundo de la adoración del becerro de oro ya no se juzga como ciudadano ante el tribunal de la razón sino como cliente ante el tribunal del consumidor, una muestra más y una demostración palpable de que el lugar de la política lo ha ocupado el mercado. Una alteración con funestas consecuencias en todos los órdenes de la existencia.
Uy, uy, uy… ¿No estarás hablando de nosotros? ¿Verdad, Simón? Porque te criticamos a ti con el mismo derecho que con el que tú criticas, insultas y agredes a todos los demás.
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Faltas de Ortografía:
Tenemos que felicitarte, Simonete. Parece que hoy has pasado el corrector ortográfico de Microsoft con cierta habilidad. Con todo escribes mal:
Über *die *Wille in der Natur de Schopenhauer pues debe ser Über den Willen in der Natur. ¡Ay, ese alemán! ¿Para cuándo un cursito en el Goethe Institut subvencionado con alguna de esas becas que te dan?