Este mañana he recibido un e-mail de Georg acompañado de un texto (que transcribimos íntegramente a continuación en azul) y una foto de Simonete en una de sus performances anticapitalistas perpetrada en Mallorca.
Un millón de gracias, Georg. Tu relato es excepcional. Esperamos que todos nuestros lectores disfruten de su contenido.
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Simón Royo durante su resumen del XLIII Congreso de filósofos jóvenes Palma de Mallorca, 26-28 de abril de 2006
Carta de Georg:
Hay que empezar deshaciendo una ilusión.
Nuestros ojos son inteligentes, y apenas observan la figura de Simón Royo con un rótulo al fondo en que se habla de "Obra social", tienden a transmitir una impresión equivocada a nuestro cerebro: y éste se alegra y piensa "¡Por fin se ocupan de Simón Royo quienes tienen que ocuparse de él: las asociaciones de beneficiencia, las organizaciones de ayuda a disminuidos, los organismos de ayuda a inadaptados sociales!
Pero lo cierto es que no se trata de eso, queridos Royo-bloggers. La foto que hoy os he enviado no fue tomada en el Centro de Ayuda Social a Perturbados Mentales con Altas Deficiencias Cognitivas. No: es la foto que a Simonastro le hizo en Mallorca un amiguete (Royo, a ver si tenemos más cuidado con las amistades que nos hacemos, ¿por qué tantos acaban sintiendo náuseas hacia ti? ¿Aún no te lo has planteado, a tus 40 años de edad? ¿Por qué tus amigos me envían fotos para que las comente en el magnífico blog de Joseph K.?).
Os preguntaréis: ¿y qué hacía Simonastro en Mallorca? Desde luego, no disfrutar de la vida, en la playita, con las extranjeras, con ese mar que es una gozada, con esos parajes de delicia... No, no, nada de eso: ya sabemos que todos esos placeres son propios de burgueses desalmados, de capitalistas sanguinolientos que se comen niños por la noche antes de acostarse con odaliscas a las que han secuestrado en el Tercer Mundo. Lejos de Simonastro, por supuesto, el disfrutar de los mejores gozos que nos da la vida: él sólo puede, si acaso, lamer superficialmente uno de esos placeres mientras que se atormenta internamente y se autocastiga por lo "malo" que es al vivir en un país del Primer Mundo, octava potencia industrial del orbe; un país tan boyante que hasta puede permitirse el financiar un par de añitos de beca postdoctoral a un inútil como él, para que se toque las narices mientras que regurgita de vez en cuando su resentimiento contra los que le dan de comer. --Y es que esa es una de las mayores paradojas de Simonastro: aunque se dice seguidor de Nietzsche, y hasta le tradujeron una vez un texto al inglés para que lo publicara en cierta revista, lo cierto es que el propio Simón es un magnífico exponente de todo lo que Nietzsche vituperaba: el resentido que no sabe disfrutar de la vida; el fracasado que escupe hacia los demás su rabia por ser un ser tan, tan pequeño; el homúnculo que intenta odiar todo lo que le rodea (conciudadanos, mujeres, homosexuales, la gente que tiene éxito, la gente que sabe más que él...) sólo porque se odia tanto a sí mismo que ya no sabe cómo vomitar su bilis de enrabietamiento--.
Pero, en fin, volvamos a nuestra pregunta inicial: ¿qué hacía Simonastro en Mallorca? ¿Por qué esas dos personas en la mesa, al fondo, le miran con tal cara de amodorramiento, con una expresión que grita estentórea "¡Dios mío, menudo friki que nos han encasquetado desde Madrid!"? ¿Por qué Simón Royo, el hijo del filonazi, esboza esa pequeña sonrisilla (ay, Simonete, Simonete), la misma que pone siempre que se ve en la ocasión de torturar a un auditorio porque resulta que han cometido el error de darle la palabra, ¡y como disfruta él, diciendo sus chorradas, cuando nadie le puede interrumpir ni largarse porque esté harto de oír sandeces!?
(Por cierto, la sonrisilla de Simonastro merece un pequeño párrafo. Resulta que, como sabréis todos los que hayáis tenido la mala suerte de asistir a un acto en el que él haya tomado la palabra, Simón sufre de evidentes problemas articulatorios, que hacen bastante difícil seguir su lenguaje oral --vamos, más o menos un equivalente de lo que ocurre cuando intentamos leer su lenguaje escrito y nos topamos con las docenas de errores ortográficos que magistralmente Joseph K. sabe subrayar; si a eso le sumamos la ignorancia sintáctica exhibida por Simón tanto en lo oral como en lo escrito, la verdad es que uno siente que, aparte de la racionalidad y la vida feliz, también la lengua española sale muy perjudicada cada vez que Simonastro nos suelta unos de sus rollastros--. En fin, decíamos que escuchar la voz de Simón es casi peor que fijarse en lo que dice. Y bien, lo peor de todo es... ¡cuando Simón añade a todo ello su sonrisilla! No sólo porque sea una sonrisilla triste, como estreñida, como propia de un ser al que la vida satisface tan poco que no puede sino procurar amargársela a quienes le rodean --así como a los gays, las mujeres, los felices, etc.--. No sólo por eso; sino también porque la sonrisilla de Simón hace sus discursos más tartamudeantes, más disarmónicos, menos articulados --esas vocales, Simonastro, esas vocales--. En fin, un horror).
No podemos finalizar el comentario de esta foto sin añadir algo sobre la diapositiva que se ve en la pantalla del fondo a la derecha. Es una imagen que muestra la distribución de las tropas estadounidenses por diversos países del mundo. El texto de esa imagen está en inglés, así que Simonastro habrá tenido que consultar varios diccionarios antes de saber de qué iba la cosa (ya sabéis, Simonastro es de esos incultos que se creen que hablan inglés, pero luego dicen cosas como *"I have went" y se creen que *"gone for good" significa "ido para bien").
De nuevo nos topamos, como siempre, con la obsesión de Simonastro en contra del pueblo norteamericano. Es una obsesión en que Simonastro muestra una extraña ambivalencia: por una parte, su antiamericanismo de pacotilla es un claro reflejo del antiamericanismo igualmente burdo, pero algo más formado, del padre de Simón, el filonazi Rodrigo Royo. (He calificado de "más formada" la xenofobia de Rodrigo Royo contra los americanos porque al menos él sí que visitó y conoció algo de los Estados Unidos -incluso se atrevió a publicar un libro sobre ello: ¡y es que a los falangistas de pro el régimen de Franco les acababa publicando todo!; Simón, en cambio, es xenófobo sólo de oídas, o porque se cree que una imagen como la que muestra en la pantalla de la foto ya basta para condenar al pueblo de Edgar Allan Poe, Abraham Lincoln y Walt Whitman).
Sin embargo, he hablado de ambivalencia porque aunque para Simón el odiar a los estadounidenses sea una forma de seguir la tradición inaugurada por su padre, es patente también que la forma en que se refiere a los Estados Unidos, a Bush o a Rumsfeld, los calificativos que emplea (algún día tal vez me anime a hacer un análisis de texto de uno de sus articuluchos; ¡claro que no podré igualar la maestría de Joseph K. al hacerlo!), revelan a las claras (y es que se te ve todo muy clarito, Simón, hijo, ¡eres tan prototípico!) que Simón en el fondo proyecta en los Estados Unidos todo su resentimiento contra su padre. Y es que alguien como Simón tiene que odiar mucho, entre los millones de cosas que odia, el hecho de haber nacido hijo de un facha 100 % facha. Esa rabia interior es evidente que Simonastro la proyecta rudamente contra cualquiera que tenga una posición de mayor poder o sabiduría que él (vamos, contra cualquier figura paterna con la que se tope por la vida), y sin duda los Estados Unidos son un país que se presta magníficamente para tal proyección freudiana. Ay, Simón, ¡si en el fondo George W. Bush te ha hecho un gran favor al poder existir como Don Tancredo hacia el que volcar tus escupitajos psicológicos!
Pero, en fin, todo esto es lo que yo veo en la foto "robada"; ¿qué me decís vosotros?
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Nota de Joseph K.: Georg menciona algunos errores de Simón en inglés. Obviamente es incorrecto decir *I have went, por lo que debe emplearse las formas “I have gone” o “I went”, dependiendo del contexto de la frase; y “for good” significa “para siempre” y no *“para bien”, como bien indica Georg.